Miradas

miércoles, 19 de febrero de 2014

Que no hay azahar que entienda lo nuestro.
Echémonos a suerte si te atreves,
pero advierto:

que yo soy piedra,
y tú papel,
y no hay tijera que corte esto.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Puntos sobre blanco

El invierno ha llegado a mil por hora a las plantas de mis pies. Un poco más lento al resto de mi cuerpo.
Si ya escuché en la radio que no se piensa bien con los pies fríos, peor se siente con el corazón helado. Y, en mi caso, ya no siento mucho más que el paso de día a noche, de noche a día y...de nuevo noche.
Y ya no me escucha ni el cielo, que siempre me regalaba un par de estrellas por deseo. Ni me responden mis manos cuando intento crear algo, ni siquiera mis ojos me hacen caso: a veces se ríen por mi, otras de mi y otras con el mundo, que cada día anda más loco y con menos rumbo.
No os mentiría si no os contara todo lo que no siento. No os mentiría si no dijera que ya no siento mucho de casi nada. Os mentiría, sin embargo, si os convenciera de que echo de menos hacerlo.
Pues he aprendido a vivir de memorias. De esas noches encerrada leyendo viviendo libros que me llenaban, al menos hasta la mitad, y entonces ya no veía el vaso; pues yo era el vaso. Y estaba medio lleno, y tenía medía sonrisa en la cara, de repente.
¿Cómo he podido dejar de escuchar el escándalo que hacía mi estómago y la bandada que aleteaba dentro cada vez que te miraba? Mis ojos no han cambiado, tú...no has cambiado, ni siquiera ha cambiado la forma en la que te miro. Será el invierno.
Será que al besarte, se me coló el Polo Norte que llevas en tus besos y que ahora atengo el corazón lleno de escarcha y los labios mordidos por estas semanas de siete domingos cada siete días, y veinticuatro tres de la madrugada cada veinticuatro horas. No sé si sobreviviré sin tus abrazos congelados aunque, te diré una cosa, tampoco quiero comprobarlo.
Y ahora prescindo de paraguas,  de chimeneas, del café caliente, de las mantas.
Pero no de palabras. Pero no de ti. Pero no de ti en formato palabra. Debería estar loca para prescindir de las cosas que me abrigan, ¿no?
Porque he encontrado el modo de emborracharme, de colocarme, de tocar con la yema de los dedos el punto dionisíaco del que tanto hablaba Nietzsche. Y sin un solo litro, sin un solo gramo, ni nada que pueda expresarse en una medida que no sea la de tus labios.

Y ahora me siento, con las manos mojadas y el aliento vacío, a esperar a que llegue un invierno en el que llueva más y se llore menos. Un invierno con más blanco y menos gris. Y ese tipo de cosas que hacen que distingamos entre la palabra Invierno y la palabra invierno.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

La chica azul océano

¿Sabes? 
Siempre he tenido una teoría acerca de las personas y los colores.
Te va a parecer una chorrada (puede que lo sea) 

pero no deja de ser una teoría Anística, 
así que, no creo que te asustes.

Cada persona tiene un color.
No, mejor.
Cada persona es un color.
Y no hay dos colores iguales,

 hay infinidad de matices.

Hace tiempo decidí 

que tú eras Azul océano.
Ya sabes,
es uno de esos colores 

que no se aprecian realmente a simple vista,
pero que al sumergirte,
es profundo y encantador.
Es un color que no deja de sorprender,
que abriga y alegra.
Es un color que da confianza 

y ganas de confiar.

¿Y por qué te digo todo esto?
Porque hoy es 6 de Noviembre 

y es un día señalado en mi agenda 
para decirle a una chica del color del océano 
que la 'hippie-person peculiar' 
va a estar siempre dispuesta a ayudarte,
 a alegrarte, a reírse contigo (y de ti) 
y a todo lo que haga falta, señorita.

Y es que, Andrea
Solo tú podías escribir algo así,
felicitando el no cumpleaños, el día de tu sí cumpleaños.
Solo tú podías convertir ''tu día especial'' 

en ''el día especial'' de las personas de tu alrededor.
Solo tú puedes hacer eso,
y por eso no eres un ser humano corriente.


Puede que suene raro lo de ''no eres un ser humano corriente'', 

pero es cierto.
Y es genial.
Eres un poco de locura, 

haces feliz a tu gente, 
tienes sueños en la cabeza y eres de las que los cumple,
tarde o temprano, ya verás.
Y eso te diferencia.


Así que, niña Solivella, 

no cambies tu forma de ser, 
y cuenta conmigo para tus tardes (o mañanas, o noches) 
marrón-aburrimiento y naranja-diversión, 
porque yo quiero contar contigo muchos más años.

FELIZ PRIMER DÍA DEL RESTO DE TU VIDA.


Disfruta tus 17, o que te disfruten ellos a ti.

jueves, 10 de octubre de 2013

Sin-sentido

Voy a esperarte aquí sentada, hasta que el infinito no sea tan pequeño para nuestros pasos kilométricos.

Voy a hablar con las aceras,
tal vez ellas me cuenten dónde fue a parar la piedra que se metía siempre en mi zapato.
Que ahora la hecho de menos en los días en los que llueven gatos.

Una vez, una nube gris que pasaba por mi calle, me susurró que nunca más volverían a ser tristes los días de lluvia, aunque a ella le diera por llorar.
Y mira, tenía razón. Hoy no he tenido que desnudar ninguna mandarina ni ahogarla en el espesor del chocolate.

Me ha parecido suficiente con mirar el cristal de la ventana y no a través de éste.

He hablado sola por teléfono y me he quejado porque había interferencias.
Maldita linea.
Está todo conectado para hablar con cualquier persona de cualquier lugar y, sin embargo, para hablar con uno mismo todavía no han inventado nada útil.
Será que es más cómodo o así, o que las respuestas válidas solo están en bocas ajenas. O que, al final hablar sin palabras va a ser, como siempre, la única solución.

Me he resbalado con un poco de insomnio que alguien había dejado en el portal de mi edificio, he corrido sin utilizar las piernas hasta donde no existe el tiempo ni el espacio y alguien me ha cogido del brazo. O tal vez lo he imaginado.

Me he enfadado con las flores de un macetero de la Calle Mayor porque nadie les había dicho hoy lo preciosas que estaban, y ellas ni siquiera lo habían echado en falta.

Supongo que aquel hombre que intentaba tomar una foto de una noche oscura de otoño no se daba cuenta de que su cámara estaba apagada. Y de que eran las doce del medio día. Y de que el sol picaba sobre su abrigo de plumas y una gota de sudor le descendía por donde se piensa.

Y esto último me ha resultado familiar.
Tenemos la cámara apagada. Todos. Ni siquiera sabemos si funciona.
Nos han dicho que es de noche, que es otoño, que hace frío y que la foto saldrá tarde o temprano.
Pero no nos hemos parado a comprobarlo.
¿De qué no extrañamos entonces cuando las cosas no salen?
Algunos lo llaman estupidez, yo prefiero llamarlo humanidad.



He dejado de buscar la piedra de mi zapato,
y ahora la necesito más que nunca.
Aquella nube me engañó,
ya no ha vuelto a llover desde entonces, eso es trampa,
y los cristales no están mojados de agua.
El teléfono lo he desconectado,
y ahora uso el método de cerrar los ojos y abrir algo dentro.
                         

                                                                              Un consejo,
                                                                                  para la próxima vez, prueba a encender la cámara.







jueves, 3 de octubre de 2013

362

Hace ya muchas madrugadas
-en vela-
que tengo la página 362 marcada.

Tal vez esto tenga que ver con las noches que me paso
leyendo entre lineas aquel diciembre de lunas frías y miradas congeladas.

De aquel ''dame la mano''
y las risas tontas mirando hacia otro lado.
De los golpes que me daba el corazón en cada pálpito,
del abismo de las yemas de los dedos que rozaban
el cielo y el infierno sin tocarnos.


En mi vida había acudido a un invierno tan lleno de primaveras.
Jamás nadie me había hablado de que las famosas mariposas,
no son sino gorriones aleteando
con tanta fuerza que casi me revientan el estómago.

Que me daba miedo el mar hasta que me encontré tus ojos,
que son el espejo del cielo entero, y parte del infierno.
Que tu boca no se me antoja menos bella
que cualquier poema de mil versos.
Y es que tienes escondidos,
entre las comisuras, a Bécquer y a Salinas.

¿Por qué crees que sale la luna cada noche?
Me contó al oído que no puede dormir si no es en tu pelo.

Y claro que desde Orihuela pueden verse las estrellas,
lo que pasa es que hay que mirar un poco más abajo,
a la altura de tus pestañas, más o menos.

Que hay que deslizarse por tu cuello para mantener el equilibrio
y no hay mejor escondite para las noches -o los días-
de frío -o de calor- que el Edén que se extiende
desde tu garganta hasta tu ombligo.

Y en ese libro en el que guardo cuatro estaciones por año,
doblo cada noche la esquina de la página 362,
en la que, sin serlo, las letras se ven de otro color.

                                                                                                      Askiñas


lunes, 30 de septiembre de 2013

El día que no cabía más pena en mi retina

Cuando llegué solo había
restos de versos tirados por el suelo,
canciones rotas
y lágrimas a medias.

No me dio tiempo a hablar,
ya se había ido.
No quedaba ya siquiera el eco de su esencia.
No dejó entre las sábanas
ni un diminuto ápice de su existencia.

Todavía se sentía el hedor a vacío,
los labios fríos
del que ansía besar tu espalda mojada.

Aquel silencio se tragó de un sorbo mis latidos
y se convirtió durante doce milésimas en la música del más ardiente infierno.

Deseé romper los cristales 
con la fuerza de un insecto,
con los ojos cerrados
y el corazón siempre abierto.

Conjuré dos deseos,
el primero mortal,
el segundo...
tenía que ver con tu ombligo y mis labios.

Mojé la almohada de pena,
reventé mil caricias contra el suelo,
arañé la pared con palabras que
habían sonado más bonitas a tu oído.

¿en qué momento se rompieron las botellas 
que llenamos de recuerdos?
¿quien se habrá llevado todas las verdades
que nunca nos dijimos?

Si sabes que la calle está llena de silencios
y mi tinta de la más espesa marea
que te arrancó de cuajo los más privados sueños.

Si sabes 
que si tú no estás yo no soy,
que si tú no eres,
yo no estoy.

Que rompería el hielo de la Antártida por morder tu cuello,
que con un solo pestañeo
eres capaz de tumbarme en el suelo.
Que, vida mía, si tú no estás yo no me muero, simplemente no vivo.





miércoles, 25 de septiembre de 2013

Liberté

P1090714 by Secuoya777
A photo by Secuoya777 on Flickr.

Voy a escribir esto con un pedazo de 'yo'
que me encontré entre la arena,

Nada más gigante que la playa,
nada más infinito y acogedor.

Me dice 'ven'

En esas noches en las que nadie me oye,
en las que hasta el silencio me huye 

y ya ni las paredes escuchan.

Entonces,


hago de las nubes mi techo,

de la luna mi anzuelo,
de las olas mi pulso
y del viento, mi república .

En horizontal y con la mente en blanco,

sin más límite que el cielo
y con el Edén a mis espaldas

dejo fluir la tinta que se quedó en el tintero,

me dejo llevar por el lugar bendito que no tiene dueño,
escucho el llanto que desgarra cada ola al romperse
y pienso que pensar es la última de mis prioridades en ese instante.

Invoco a las musas

y a veces las toco
dejo que la mente hable,
-aunque ella nunca calla, a pesar de que nos empeñamos en callarle

Sin más compañía que el horizonte,

sin más ruido que el más sonoro silencio.


La dejo que baile un vals con los últimos soplidos de Septiembre,

que grite y que susurre 
los motivos de su hambre,
y, por último, 
me dejo nacer de nuevo,
dibujo mi alma 
y cada milímetro de mi le da las gracias al mar,
al universo y a los pájaros
por darme algo de calor
para un invierno cargado de colores grises 
y lejos del Oasis al que llamo
el hogar de mi alma.

''Locus amoenus''